FITNESS: Ejercicio secreto a partir de los 50

55

El stretching es fundamental para mantenerte en forma sin esfuerzo y te ofrece más años de vida

Buena Salud

Es importante mantenerte activa en todos los momentos de tu vida, pero saber adaptar el ejercicio a tu estado físico. Si has mantenido una buena forma física, siempre puedes optar por ejercicios como el baile, pero si tu estilo de vida ha sido más bien sedentario, puedes empezar por algo más tranquilo como el stretching.

El stretching es una rutina de diferentes ejercicios derivados del yoga, de la gimnasia tradicional y de la danza clásica. Son movimientos suaves que poco a poco van mejorando la flexibilidad de los músculos. Aunque parezca una actividad sencilla, los ejercicios requieren de una correcta respiración, concentración, calma y relajación, por lo que hace falta algo de práctica para hacerlo correctamente.

Beneficios del Stretching

Ya te hemos comentado que el stretching mejora la flexibilidad de los músculos, pero no es el único beneficio que tiene. Esta flexibilidad no sólo ayuda a incrementar la movilidad, sino que también favorece el desarrollo de masa muscular, activa la circulación sanguínea y te ayuda a quemar grasa, por lo que favorece la pérdida de peso.

Al estirar los músculos, se mejora el equilibrio y se corrige la postura y el tono muscular, pero también ayuda a combatir los dolores de cabeza por el estrés. Y lo que es más importante cuando van cumpliéndose años, alivia los dolores musculares y de las articulaciones además de mejorar la movilidad del cuerpo. A esto se une que mejora el estado físico general, lo que la capacita para entrenar con peso, ya que no solo será más ágil, sino que también evitará futuras lesiones.

Otros Beneficios del Stretching:

– Disminuye el cansancio muscular

– Previene las agujetas y calambres, puesto que alarga los músculos y evita que se queden agarrotados

– Fortalece y tonifica los músculos.

– Prolonga la vida deportiva y reequilibra la postura de la espalda

Una Sesión de Stretching Completa

1. Acuéstate boca arriba y extiende tus brazos por detrás de tu cabeza estirándote lo máximo posible, desde la punta de los pies hasta la parte superior de tu cabeza. Mantén esta postura durante 10 segundos, relájate y repítelo cuatro veces.

2. Acostada boca arriba, levanta tu pierna derecha extendida. Coge tu muslo derecho con las manos e intenta llevar la pierna hacia el pecho sin flexionarla. Aguanta la posición durante 10 segundos y repítelo con la otra pierna. Haz la serie completa cuatro veces.

3. Todavía acostada boca arriba, flexiona las rodillas manteniendo los pies en el suelo. Coge tu rodilla derecha con las manos y llévala hacia tu pecho. Mantén la posición durante 30 segundos y cambia de pierna.

4. Tumbada boca abajo, coge tu pie derecho con la mano derecha y llévalo hacia tus glúteos para estirar la parte frontal de tu muslo. Mantén la posición durante 15 segundos antes de cambiar de pierna. Repite el ejercicio 2 veces por cada lado.

5. Vuelve a acostarte boca arriba y estira los brazos en cruz. Flexiona las rodillas y deja caer tus piernas hacia el lado derecho manteniendo la cabeza y el pecho inclinados hacia la izquierda. Mantente en esta posición durante 30 segundos y haz el mismo ejercicio cambiando de lado.

6. Siéntate con las piernas cruzadas, la espalda bien recta y los abdominales en tensión. Coloca tu mano derecha en el suelo, del lado izquierdo, justo al lado de tu glúteo. Gira la cabeza hacia la derecha, mirando al suelo. Respira suavemente durante 30 segundos, suelta y cambia de lado.

7. Sigue sentada con las piernas cruzadas, y junta tus manos en tu espalda, cruzando tus dedos entre ellos, con las palmas hacia el interior. Levanta los brazos despegándolos de la espalda y mantén la posición durante 20 segundos.