El artista hondureño recorre cinco décadas de creación, desde la fotografía y la pintura hasta sus exposiciones en prestigiosas instituciones internacionales

Patricia Herrera Valdizán | New York Hispano | Colaboradora
Nueva York
El fotógrafo y artista Francisco Alvarado Juárez, nacido en Honduras y radicado desde muy joven en Nueva York, ha construido una trayectoria marcada por la disciplina, la experimentación y una constante búsqueda creativa. Su obra ha sido exhibida en galerías y museos de distintos países.
A lo largo de cinco décadas, Alvarado Juárez ha explorado diferentes expresiones artísticas, con especial énfasis en la fotografía. En su trabajo experimenta con elementos como el vidrio, la luz y el movimiento para crear composiciones de particular riqueza visual.
Este ha sido un periodo especialmente significativo en su carrera. Una selección de sus fotografías de las marchas del orgullo gay de Nueva York de 1975 y 1976 fue presentada en la Hispanic Society Museum & Library, institución que posteriormente incorporó 16 de esas imágenes a su colección.
En esta entrevista con Patricia Herrera, el artista repasa su evolución creativa, sus cinco décadas de trayectoria y la perseverancia que, asegura, exige una vida dedicada al arte.

¿Qué nos puedes decir sobre las transformaciones que ha experimentado tu arte hasta el día de hoy?
Sí, han sido muchos cambios. En primer lugar, sigo en constante producción. Lo que viste en aquel entonces correspondía a mi etapa de fotografía con movimiento, así como a una serie de autorretratos con flora y fauna que desarrollé entre 2005 y 2006. En ese periodo obtuve la beca Fulbright, otorgada por el Gobierno Federal de los Estados Unidos; cabe destacar que me concedieron una de las distinciones de mayor prestigio: la de Research Scholar.
Mi pintura actual ha cambiado sustancialmente. Existe una inmensa diferencia porque ahora le otorgo más dimensión a través del collage, convirtiéndolo en una capa adicional de imágenes que combino con una serie fotográfica concebida casi como pintura. Todas estas capas integradas crean un bodegón que va alternando entre sí.
Sin embargo, la fotografía posee sus propias capas y captura un instante irrepetible. Las distorsiones provocadas por el sol tropical del mediodía te generan la sensación de estar observando agua, cuando en realidad lo único que puedes apreciar es una gota de sudor.
Sabemos que utilizas la naturaleza como medio de expresión. ¿Qué nuevos elementos o matices has descubierto al crear estas obras?
En las fotografías en las que trabajo el tema de la naturaleza, me nutro de elementos que encuentro directamente en el entorno: semillas, hojas, flores e incluso insectos, como los escarabajos tropicales. Asimismo, mi estancia de año y medio en Oaxaca, Mejico, enriqueció profundamente mi percepción de la materia y el entorno natural.
Te consideramos un fotógrafo privilegiado. Supimos que presentaste una destacada exhibición en la Hispanic Society Museum & Library. Cuéntanos, ¿cuál fue la temática y cómo respondió el público?
Ha sido un trayecto largo. Hace cuatro años invité a mi taller a Guillaume Kientz, director del museo, aprovechando que soy vecino del lugar, pues quería mostrarle mis trabajos recientes. Sin embargo, en ese momento yo había decidido digitalizar e imprimir las obras de mis inicios: diapositivas originales entre las cuales se encontraban fotografías de las marchas del orgullo gay de New York, 1975 – 1976.
Inicialmente no tenía intención de enseñárselas. La Hispanic Society es una institución de enorme prestigio fundada por Archer Milton Huntington —heredero de la fortuna de los ferrocarriles del siglo XIX— y alberga la colección de fotografía de América Latina y la península ibérica más vasta del mundo; por ello, históricamente ha tenido fama de ser conservadora. Como sabemos, el movimiento por los derechos de la diversidad social se originó en 1969 en el famoso bar Stonewall, dando nacimiento al símbolo LGBTQ+ y a la bandera del arcoíris. En mis fotografías de 1975 y 1976 ya no se aprecian las protestas iniciales, sino un momento previo a la crisis del SIDA, cargado de alegría, solaz y placer por la vida.
Tenía ese material guardado en un rincón del taller. No sé cómo el director se percató de su existencia e insistió tanto en ver el contenido de esa caja que finalmente se lo mostré. Al examinarlas, me dijo resueltamente: «Esto es exactamente lo que quiero».
El proceso tomó tres años debido a trámites burocráticos, cambios en la dirección del museo y la resistencia de algunos sectores, en contraste con personas de mente más abierta que apoyaban la propuesta. Por momentos tuve la impresión de que la exposición no se realizaría, pero Guillaume insistió hasta que finalmente logramos presentar dos exhibiciones complementarias: una en la plaza exterior, que permaneció durante un año, y otra en la galería interior, abierta durante cuatro meses. En la galería se exhibieron las impresiones finas, mientras que en la entrada exterior se instalaron fotografías con un tratamiento especial para resistir las inclemencias del clima.
Coincidiendo con un contexto político donde las elecciones presidenciales afectaron a la comunidad LGBTQ+, la exposición se inauguró en mayo y tuvo un impacto conmovedor. Funcionó como un himno y un antídoto frente a los tiempos de represión que se vivían. Llegó gente de sectores lejanos que nunca había visitado el museo. La muestra tuvo una amplia repercusión mediática y apareció en importantes medios de comunicación estadounidenses como NBC News, Culture Magazine, Whitehot Magazine, Time Out y el Sunday Magazine de The New York Times, también en hispanos como Telemundo (noticias locales en español), entre otros. Además, la Hispanic Society adquirió las 16 fotografías exhibidas para sumarlas a sus prestigiosos archivos, marcando así una renovada etapa para la institución. Fue un éxito rotundo.
También viajaste a tu querido país, Honduras, para exponer. ¿Dónde fue la muestra? ¿Fue en el Banco Central?
Así es. La exposición se realizó en mayo 2026, en el Banco Central de Honduras. Además, entre junio y julio de ese mismo año, participé en una muestra en la legendaria galería Halbrumm, Tribeca, New York. Lamentablemente no pude asistir a la apertura porque me encontraba cerrando la exposición en Tegucigalpa, lo cual me pareció un cruce simbólico muy interesante.
¿Cuál ha sido tu reacción al ver a tus compatriotas apreciar y elogiar tu arte al exhibir en tu patria?
Para mí ha sido una muestra sumamente significativa por varios factores. La exposición celebraba el 50.° aniversario de mi primera exhibición, realizada en 1976.
En general, Honduras cuenta con un público muy culto. El banco abría sus puertas a las nueve de la mañana y cerraba a las tres de la tarde, la acogida fue extraordinaria; asistieron destacadas personalidades de la cultura y de los medios de comunicación en Tegucigalpa. Presenté mi serie Santa Lucía / Tegucigalpa y, de manera muy especial, tras doce años de ausencia, volví para esta ocasión en la que el Banco Central editó e imprimió un libro conmemorativo titulado Retorno.
¿Qué es lo que hace feliz a Francisco?
Para mí, la felicidad radica en ser artista y poder seguir trabajando; en tener la fortuna de vivir y ver mis obras albergadas en museos de gran prestigio. Me siento plenamente realizado al continuar creando. Por cierto, tengo programada otra exposición para el 3 de septiembre del próximo año en Dublín. Poder mantener este ritmo de producción me otorga un inmenso sentimiento de logro.
¿Qué podrías decirles a los jóvenes que desean dedicarse a la pintura, ya sea como fuente de ingresos o por amor al arte?
He dejado de dar consejos sobre cómo construir una carrera artística, pero considero fundamental que los jóvenes entiendan que este es un proyecto a largo plazo. Vivimos en una época acelerada y muchos jóvenes creen que el reconocimiento llegará de forma inmediata. La realidad es que la del arte es una profesión difícil y compleja para sobrevivir y mantenerse en forma constante; muchos se rinden en el camino. Hay que trabajar con la mirada puesta en el futuro: la verdadera recompensa llega con los años.
Tu arte ha abierto las puertas de múltiples instituciones y galerías. Coméntanos sobre esta trayectoria y algunas de las distinciones que has recibido.
He tenido la fortuna de recibir diversos reconocimientos. El primero y más importante fue la posibilidad de seguir exponiendo en instituciones de renombre y haber obtenido becas a lo largo de los años. Sin embargo, al trabajar con organizaciones sin fines de lucro, ganas una beca, pero eso no garantiza una estabilidad permanente; siempre debes seguir trabajando para lograr que te tomen en serio. Con el paso de los años, la edad se convierte en un arma de doble filo, pues el medio suele inclinarse por los artistas más jóvenes. Pese a todo, la vida es una búsqueda constante fundamentada en amar tu trabajo y respetar quién eres.
¿Vivir en New York siempre fue tu meta en busca de una inspiración más amplia?
No necesariamente. Llegué a New York muy joven, a los 14 años, y me fui a vivir directamente a Brooklyn, a un barrio que en aquel entonces no era nada fácil y parecía destinado a consumirse. El simple hecho de haber sobrevivido a New York moldea profundamente tu carácter.
Posteriormente me gradué en Literatura e Historia, y con el tiempo, decidí encaminarme hacia las artes plásticas. New York es mi casa y mi hogar; me he formado aquí y he tenido la suerte de elegir esta profesión en uno de los grandes centros del arte mundial, al nivel de París.
Si vivieras 100 años, ¿qué te gustaría haber realizado para el planeta Tierra?
Como dice la famosa canción: «que 20 años no es nada…»
Considero que el hecho de seguir trabajando, “me enriquece constantemente y me abre nuevas oportunidades— es precisamente lo que desearía hacer hasta el último de mis días”. Trabajar es indispensable, y en el acto de la creación reside la forma más pura del trabajo.
A propósito de mi labor, quisiera mencionar la oportunidad de publicar mi libro junto al destacado historiador del arte Edward Sullivan, titulado Gay Liberation, New York, City, Pride Parade, 1975-1976, fotografia por Francisco Alvarado-Juarezel, Prefacio por Guillaume Kientz, Ensayo por Edward J. Sullivan, el cual lo pueden encontrar en librerías y en Amazon.
















