El investigador del fenómeno de Sendero Luminoso analiza la violencia política de los años 80, el crecimiento de las economías ilegales, la crisis de legitimidad del Estado, la inseguridad y la necesidad de reconciliación en el Perú

Entrevista: Mario Vallejo | New York Hispano | Colaborador
Lima
Esta entrevista exclusiva es parte de una serie especial sobre el tema de la seguridad en el Perú que tanto afecta a los peruanos
Raúl González ha dedicado buena parte de sus investigaciones al estudio de la violencia política y del fenómeno de Sendero Luminoso en el Perú. Más de tres décadas después de la captura de Abimael Guzmán, considera que el país aún no ha resuelto varios de los problemas que estuvieron detrás de aquella etapa de violencia.
En conversación con New York Hispano, González compara el fenómeno senderista con la actual expansión de las organizaciones criminales, analiza el papel del Estado y las economías ilegales, cuestiona la pérdida de memoria histórica y plantea la reconciliación como uno de los grandes desafíos del país.
También reflexiona sobre el fujimorismo, las elecciones de 2026 y el asesinato de la comunicadora y candidata al Gobierno Regional de Áncash, Susy Aponte Polo.
Usted estudió a Sendero Luminoso desde los años 80. ¿Qué recuerda de aquellos primeros años y qué fue lo que más le llamó la atención de ese fenómeno?
Sendero Luminoso era una organización férreamente construida y tenía su origen en Ayacucho, donde comenzó a trabajar eliminando a los elementos perturbadores de la vida cotidiana, como prestamistas, abigeos y usureros, y castigando en el campo a los profesores que no cumplían con las horas de clases que debían.
Así comenzó todo. Los senderistas cada vez comenzaron a matar más, sobre todo a responsables de comunidades. La razón: les prohibían ir a las ferias donde intercambiaban sus productos y ellos no les hacían caso, o por recibir y dar comida a los militares.
Lo que me sorprendía es que en Lima nadie se interesara por lo que ocurría.
Han pasado más de tres décadas desde la captura de Abimael Guzmán. ¿Qué lecciones de aquella experiencia considera que el Perú no debería olvidar?
Efectivamente, han pasado más de 30 años, pero creo que el país, y en especial Lima, no han entendido lo que significó Sendero.
A fines de los años 80, las élites social y política coincidían en sostener que había que demostrar que los cambios sociales y políticos se podían realizar en democracia y no por medio de la violencia.
¿Qué ha pasado?
Solo por poner como ejemplo a Ayacucho, los problemas con la educación continúan siendo los mismos.
Y en el país se excomulga a todos los que tuvieron el más mínimo contacto con algún senderista. Me refiero a los que firmaron el padrón electoral para inscribir al MOVADEF, movimiento que ya no existe realmente, pero se sigue utilizando en el debate político.
Todo lo que se dijo que se podía conseguir en democracia resultó una farsa.
El país se sigue dividiendo entre quienes plantean un cambio y los que quieren que continúe tal como está.
Actualmente el país enfrenta una expansión de extorsiones, sicariato, secuestros, trata de personas y cobro de cupos. ¿Estamos ante una nueva etapa del crimen organizado en el Perú?
Así es, estamos viviendo una nueva etapa.
Aprovecho para una reflexión. El Estado, que debe representar a toda la Nación, es decir, a toda la población, y hacer cumplir las leyes y los acuerdos sociales, se encuentra desbordado por una población que ya no cree, sino que no lo toma en cuenta y lo desobedece.
El Estado no solo ha perdido prestigio y respeto, sino que encuentra a la deriva. Ha perdido legitimidad y, sin legitimidad, ocurre que decenas de pequeñas bandas extorsionadoras se multiplican para “cobrar el derecho de piso” y se disputan con el Estado el cobro de los impuestos. Varias empresas de transporte han subido el precio de sus pasajes para pagar a estas bandas.
Desde su experiencia como investigador, ¿qué semejanzas y qué diferencias encuentra entre Sendero Luminoso de los años 80 y las organizaciones criminales que operan actualmente?
La violencia de Sendero respondía a un solo mando, al Comité Central, y este a Abimael Guzmán. La actual ola de violencia responde a muchas cabezas, a muchos mandos. No hay semejanza alguna.
Sendero buscaba construir poder y control territorial mediante una estructura ideológica y política. ¿Las organizaciones criminales actuales están desarrollando también formas de control territorial y social?
Hasta donde se conoce, están en una etapa de obtener control de una zona, pero todavía no han pasado de eso…
¿Por qué la extorsión ha crecido tanto en el Perú? ¿Qué condiciones sociales, económicas, policiales y judiciales han permitido que estas organizaciones se expandan?
Como sostenía, el Estado no es legítimo.
Dice la ciencia política que la legitimidad es un concepto que “enjuicia la capacidad de un poder para obtener obediencia sin necesidad de recurrir a la coacción que supone la amenaza de la fuerza, de tal forma que un Estado es legítimo si existe un consenso entre los miembros de la comunidad política para aceptar la autoridad vigente”.
Entonces, el problema no es solo del sector Interior, sino de todo el Estado, que se concentra en Lima y algunas provincias de la costa norteña.
En el Perú han caído el Estado formal y ha crecido el número de los que se sienten al margen. Y esos son los que viven sin pagar impuestos, los que viven de la informalidad y de las llamadas economías que nosotros conocemos como ilegales. Estamos hablando de quienes viven de la minería informal e ilegal, del narcotráfico, de la tala de madera, del contrabando y del pago a quienes les permiten sobrevivir.
Y esos poderes que antes solo se encontraban en provincias ahora buscan hacerlo en un espacio mayor y ya no bajo el amparo de los caudillos y líderes locales.
La minería ilegal, el narcotráfico y otras economías ilícitas movilizan grandes cantidades de dinero. ¿Hasta qué punto ese dinero está financiando estructuras criminales y penetrando la economía formal?
Ese poder de las llamadas economías informales ahora busca ser reconocido y, por eso, para ellos es importante tener representantes en el Congreso, en los gobiernos regionales y también en las municipalidades. No deberíamos olvidar que son 16 regiones las que votaron en contra de la señora Fujimori. El Perú que paga impuestos vive en Lima y en una minoría en las provincias.
En la primera vuelta de estas elecciones solo votó por Keiko el 18 por ciento de los votantes.
¿Existe el riesgo de que el crimen organizado termine penetrando municipios, instituciones públicas, fuerzas de seguridad o espacios políticos? ¿Qué señales deberían preocuparnos?
No llamaría a los peruanos que viven en la ilegalidad como parte del crimen organizado porque son un producto del propio país.
Te pongo un ejemplo.
Cuando en los años 80 del siglo pasado se combatía a Sendero, todos los peruanos de derecha, centro y la izquierda repetíamos con fuerza que había que combatir la idea de que solo con la violencia se podía cambiar el país, y que en democracia se podía.
Han pasado más de 30 años y los problemas continúan porque, una vez caído Guzmán y su cúpula, los problemas están ahí y en muchos casos han empeorado.
Hace rato que los municipios y gobiernos regionales albergan representantes que quieren y buscan el cambio, pero Lima los tilda de rojimios, izquierdistas, comunistas y hasta terroristas.
Los políticos peruanos, la mayoría de derecha, no recuerdan su discurso de los años 80.
Usted conoció y estudió el fenómeno senderista cuando todavía estaba en expansión. ¿Qué errores cometió el Estado en los años 80 que hoy no debería repetir frente al crimen organizado?
El principal problema: demostrar que en democracia se podía alcanzar el cambio.
En la actualidad, a todos los que quieren el cambio se les “terruquea”, se les dice comunista, guerrillero, terrorista, se les ataca en bloque y con insultos.
La respuesta es igual, con insultos y sin debatir argumentos.
¿Considera que el Perú está perdiendo la memoria histórica sobre el terrorismo? ¿Qué consecuencias puede tener que una nueva generación desconozca lo ocurrido durante las décadas de violencia política?
Cuando hablamos del Perú solemos hablar de Lima y no aceptamos que el Perú no es todavía una Nación, si por Nación entendemos al conjunto de personas de un mismo origen étnico, histórico o cultural que comparten un mismo territorio, que aceptan una misma legislación y se dotan de un Estado que los represente.
No lo somos.
Razón por la cual muchos autores han hablado del Perú como un país multinacional.
Por esa razón, a los ciudadanos de Tacna no les interesa lo que pasa en Tumbes o Amazonas, ni a los de Moquegua en Cerro de Pasco, ni a los de Ayacucho en Iquitos y a los de San Martín en Puno, por citar algunos casos.
Y no hablemos de lo que a los limeños les interesa lo que ocurre en el resto del país y viceversa.
Por eso, los problemas como los de Cuajone o Tía María le son ajenos al resto del país.
Y el Estado, que debería ser la organización política y administrativa de la Nación y que es la encargada de hacer cumplir las leyes, en nuestro país no lo hace por la sencilla razón de que solo se ha desarrollado en Lima y en las capitales de algunas regiones del país y, por lo tanto, no posee la suficiente legitimidad para cumplir sus funciones en todo el territorio nacional.
Para una pregunta como la que haces, mi respuesta es una: el Perú no tiene memoria histórica sobre el terrorismo y por eso el “debate político” se reduce a insultos y gritos: “caviares o terroristas” versus “fascistas, genocidas”.
También existen actualmente debates y controversias sobre el senderismo, el pensamiento de Abimael Guzmán y la violencia política. ¿Cómo debería abordarse este tema en las escuelas y universidades sin convertir la memoria en propaganda política?
Contando simplemente la verdad, igual en los colegios. No perdemos nada, sino ganamos que la historia se imponga. Hay que decir que hubo partidos políticos que no estuvieron a la altura de las demandas y grupos políticos que quisieron llegar al poder por medio del coche bomba y utilizaron la violencia.
No es una mentira porque eso ocurrió.
Algunos sectores políticos y parlamentarios han sido cuestionados por determinadas posiciones o discursos relacionados con la violencia política. ¿Cómo distinguir una verdadera coincidencia ideológica con el senderismo de una coincidencia política o simplemente de una interpretación diferente de la historia?
Por desgracia, se aprobó una ley que castiga la apología al terrorismo.
A mi juicio, la mejor ley es la que no se da.
Creo que la apología no se da cuando se dice la verdad.
Después de tantos años estudiando estos fenómenos, ¿qué tan importante considera la inteligencia policial, financiera y penitenciaria para combatir a las organizaciones criminales actuales?
Prohibir algo solo logra aumentar la curiosidad de las gentes, y prohibir lo que todos deberían saber es un error tan grande como el no entender que el Perú, por desgracia, no es todavía una nación y que hay que construirla.
Esa es una tarea que los jóvenes deberían entender desde el colegio para avanzar desde ahora.
Si tuviera que plantearle al gobierno tres medidas concretas y prioritarias para enfrentar la extorsión y el crimen organizado, ¿cuáles serían?
He aprendido con el correr de los años que los sociólogos e historiadores deben abstenerse de dar soluciones.
La razón: después intentarán validar su diagnóstico con todo lo que ocurra.
Creo que todos debemos dar opiniones y son los políticos quienes deben asumir una postura.
No creo que haya sociólogos que se respeten que den orientación política al país.
Usted publicó “Sendero Luminoso y la violencia política en el Perú” cuando el fenómeno todavía estaba desarrollándose. ¿Qué piensa hoy de aquel trabajo, más de 40 años después? ¿Existe la posibilidad de una nueva edición o de reunir sus investigaciones de aquella época en una publicación actualizada?
Estoy por decidir entre reunir todos mis trabajos en una sola publicación y escribir un libro con un ensayo sobre la época de los 80 y 90.
Después de haber estudiado a Sendero Luminoso y observar ahora el crecimiento del crimen organizado, ¿qué le diría a los peruanos que sienten que el país está entrando nuevamente en un período de miedo e incertidumbre?
Que se entienda que no es cambiando de ministro del Interior ni de gobierno como se soluciona el problema de la seguridad. Por desgracia, la solución es a largo plazo y los primeros resultados a mediano plazo. En el corto plazo, creo que debemos cuidarnos y dejar que los políticos que hemos elegido hagan de la reconciliación el eje de sus acciones.
La lucha contra la corrupción debe ser implacable.
Solo como idea te dejo una tarea para este y los gobiernos venideros: la reconciliación se va a producir cuando hagamos de cada derechista un peruano que respeta a su oponente y de cada izquierdista un ciudadano respetuoso del fujimorismo.
Es casi una utopía, pero esa es la realidad.
El asesinato de Susy Aponte Polo, conocida como “La China Polo”, comunicadora y candidata al Gobierno Regional de Áncash, ocurrido durante una actividad de campaña en Caraz, ha generado preocupación por la seguridad de quienes ejercen el periodismo y participan en política. ¿Qué reflexión le merece este caso y qué mensaje daría a los periodistas y comunicadores que desarrollan su trabajo en un contexto de creciente violencia?
Una pena el asesinato de la comunicadora. Los hombres y mujeres de prensa deben tener una formación en seguridad. Es muy difícil, pero es necesario que quienes forman la prensa tengan seguridad.
Seguridad es tarea de todos.
Mis condolencias a su familia y a quienes laboraban con ella.

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Nota de redacción: Susy Ysabel Aponte Polo, conocida como “La China Polo”, comunicadora y candidata al Gobierno Regional de Áncash. Fue asesinada el 19 de septiembre de 2026 durante una actividad de campaña en Caraz. El JNE condenó el crimen y pidió el esclarecimiento de los hechos. Las investigaciones continúan y el móvil del asesinato no debe darse por establecido.
Nota de redacción: Según la proclamación oficial del JNE para la primera vuelta de las Elecciones Generales 2026, Fuerza Popular obtuvo 2 877 678 votos, equivalentes al 17,192 % de los votos válidos y al 14,269 % de los votos emitidos. La cifra del 18 % corresponde, por tanto, a una aproximación expresada por el entrevistado
















