La librería de Jackson Heights, se consolida como un faro literario y artístico para la comunidad hispana de Nueva York

Hansel Mera| New York Hispano | Colaborador
Nueva York
Fundada en 2003 por Ramón Caraballo y ubicada en el corazón de Jackson Heights (40-03 80th St, Elmhurst, NY 11373), la librería Barco de Papel se ha consolidado durante más de dos décadas como un espacio fundamental de la vida comunitaria y cultural hispana en Nueva York. En sus estanterías y salas se han encontrado distintas generaciones de lectores de origen latino, estudiantes del idioma español y amantes de la literatura, además de un público fiel que ha acompañado su programación poética, musical y artística.
Tras el reciente fallecimiento de su fundador, el pasado 15 de diciembre se realizó un Open House en homenaje a Ramón Caraballo, evento que reunió a escritores, artistas, gestores culturales y representantes de organizaciones comunitarias. Entre los asistentes se encontraban el escritor chileno Esteban Escalona, el director venezolano de teatro Pablo García Gámez, Leslie Ramos, directora de 82nd Street Partnership, el escritor colombiano Jordán Salamanca, el músico argentino Rubén Insula, así como integrantes de medios alternativos y organizaciones como Voces Latinas y La Cinta News.
La jornada se desarrolló como una tarde-noche de celebración y memoria, con rifas de libros, promociones especiales, diálogos abiertos e intervenciones musicales, que llenaron de vida el espacio y rindieron homenaje a Caraballo de la manera que él siempre promovió: a través del encuentro cultural y comunitario.

El músico argentino Rubén Insula compartió su testimonio sobre la importancia de la librería:
“Conocí Barco de Papel poco tiempo después de que abrió. Yo llegué a esta ciudad hace 35 años y, a principios de los 90, había apenas cinco librerías que vendían libros en español. Como músico, buscaba centros culturales, y así llegué aquí. La primera persona con la que hablé fue Ramón. No era fácil encontrar una librería en castellano, y este lugar no era solo para leer o comprar libros: era un espacio vivo, con actividades culturales, eventos y comunidad. Ramón ayudaba mucho, no solo a los artistas, sino a toda la comunidad”.

Hoy, Barco de Papel sigue siendo un referente para quienes buscan rarezas bibliográficas valoradas por estudiantes y profesores universitarios. Sin embargo, su misión va mucho más allá de la venta de libros: funciona como un centro de trabajo voluntario y un punto de convergencia cultural que, desde hace más de 20 años, articula diversas expresiones artísticas en favor de la comunidad hispana. Esta vocación queda reflejada en las palabras de Paula Ortiz, compañera sentimental de Ramón Caraballo y colaboradora histórica del proyecto:
“La librería comenzó como una iniciativa personal de Ramón. Él fue uno de los primeros vendedores de libros en español en las calles de Nueva York, especialmente aquí en Queens, amparado en una enmienda constitucional que permite vender la palabra libremente en el espacio público. Yo lo conocí así, vendiendo libros en la calle, y en 2003 abrió finalmente la librería”.
Ortiz recuerda que Barco de Papel nació inicialmente como una librería infantil, con el objetivo de fortalecer el vínculo de las familias hispanas con su idioma y sus raíces culturales:
“Ramón estaba muy consciente de cómo muchas familias se alejaban del español por falta de acceso a materiales para los niños. Pensaba que era fundamental crear un espacio donde los hijos pudieran leer en español y crecer conectados a su cultura. Por eso comencé a liderar La Hora del Cuento, celebrando fechas folclóricas latinoamericanas y compartiendo relatos, escritores y expresiones artísticas”.
Con el tiempo, padres, artistas y escritores comenzaron a solicitar espacios para actividades dirigidas a adultos. Surgieron entonces micrófonos abiertos, presentaciones de libros y encuentros culturales. El proyecto creció gracias al voluntariado y al intercambio comunitario, hasta que en 2015 se constituyó formalmente como organización sin fines de lucro, permitiendo acceder a subvenciones y abrir sus puertas a autores latinoamericanos —muchos de ellos de paso por Nueva York— que no contaban con espacios para presentar su obra.
“Ramón entendía que esta era una comunidad nómada, con acceso cultural limitado por largas jornadas laborales y condiciones de sobrevivencia. Su idea siempre fue traer la cultura directamente a la comunidad”, señala Ortiz.
Inmigrante cubano y amante de la literatura, Ramón Caraballo trabajó inicialmente en la emblemática librería Lectorum, la más grande en español en su momento. Sin embargo, su visión fue trasladar ese mercado cultural desde Manhattan hasta los barrios donde vivía y trabajaba la comunidad latina.
“Nunca quiso que la librería tuviera una afiliación política o religiosa. Decía que el libro debía ser universal, que las letras estaban para comunicar”, concluye Ortiz.


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