La Mesa de Literatura Peruana reunió a Roger Santiváñez, Fernando Morote y otros autores en la 19.ª edición del evento

Hansel Mera | New York Hispano | Colaborador
La 19° Feria del libro Hispano de Queens se llevó a cabo entre el 10 y el 12 de octubre de 2025, en homenaje al poeta y activista dominicano Dagoberto López-Coño, quien lanzó su último libro Desde el borde del Hudson. Entre ese restante marco de presentaciones y discusiones, se desarrolló la Mesa de literatura peruana, coordinada por el poeta Roger Santiváñez y con la participación de los escritores Linda Morales Caballero, Carla Vanessa, Carlos Anaya Mantilla y Fernando Morote. Fue esa la oportunidad perfecta para entrevistas brevemente a dos de sus representantes: Fernando Morote y Roger Santiváñez.
Fernando Morote. Autor de una extensa bibliografía que incluye Poesía Metal Mecánica (1994), Los quehaceres de un zángano (2009) Polvos ilegales, agarres malditos (2011), Brindis, bromas y bramidos (2013), La Cocina del infierno. Relatos de un mundo inhóspito (2015), Melodías en la orquídea (2017), El antídoto del neurótico: un recorrido personal por el cine clásico (2018), Nada sale bien cuando esperas que salga mal (2020), Diálogos en la taza (2023) y Jugó bien, mereció ganar, pero perdió (2024).

¿Cuál es tu apreciación sobre la Feria y esta Mesa de la Literatura Peruana?
Es un evento único que ofrece la oportunidad a escritores latinos que vivimos en Nueva York para presentar y compartir nuestro trabajo. He tenido la oportunidad de venir en 3 o 4 ocasiones y siempre han tenido la gentileza de separarme un espacio en el programa para presentar alguno de mis libros o para alguna lectura. Y los que vienen, autores y editores, tienen la oportunidad de ese intercambio, y es genial porque el espacio es muy reducido para los que escribimos en la ciudad de Nueva York. Hoy en día, hay muchas más ferias (…) y no solo en Nueva York, sino en New Jersey, en Virginia, Filadelfia, Ohio, se han expandido. Aquí, a Nueva York, esta es la primera a la que vine, pues un autor peruano, que ya falleció, me trajo como invitado.
Para la mesa de escritores peruanos he leído algunos textos de un libro de microrrelatos que publiqué este año, son 60 microrrelatos, cada uno de ellos con un promedio de 95 palabras, un límite que me puse. Salieron textos breves que buscan contar una historia, se llama La vida en micro (2025). Ese título tiene un doble sentido porque en el Perú así se le dice al transporte público, y todo mundo anda en micro, pero tiene un subtítulo también, Averración Salbaje, escrito de forma equivocada de forma deliberada. Eso ha causado confusión porque la gente me ha dicho “fíjate bien lo que estás haciendo esto es una aberración, estás escribiendo al revés”, y no, pues es deliberado, porque lo que quiero resaltar es cómo se ha masificado el desprecio por la ortografía con esto de los mensajes de texto o chats, entonces ya a nadie casi le importa fijarse en lo que está escribiendo, es un juego para ver quién responde (...) un experimento que a mí, por lo menos, me divierte y cuando alguien viene a decirme “esto está mal escrito”, me doy cuenta de que funcionó. Esa es la idea de este libro con textos que son tan breves que se leen en menos de un minuto, y lo sé porque los medí cuando decidí hacer un podcast publicado en ivoox donde se pueden escuchar los 60 relatos, y se pueden leer en una revista digital donde colaboro desde 2010 que se llama Periódicos irreverentes
Vayamos atrás en el tiempo. Hablemos sobre tu formación en el Perú de los 80´s.
Mi experiencia universitaria fue en la Universidad Federico Villarreal, donde estudiaba derecho, yo quería ser abogado, pero cuando empecé a estudiarlo, descubrí que quería ser cualquier cosa menos abogado. No encajaba en el sistema de las leyes, el orden, el rigor de los estudios y entonces recordé cual era mi mayor afición cuando era niño que era escribir, y al final, descubrí que era mi auténtica vocación. Dejé la carrera de derecho y un trabajo que tenía en el departamento legal de un banco, para estudiar literatura. Lo primero que hice fue inscribirme en un taller de creación literaria en el Museo del Arte de Lima, en 1987, ahí el interés creció porque aprendí algunas técnicas, porque yo quería escribir pero no sabía cómo (...) entonces me inscribí en la Universidad de San Marcos en la Facultad de Letras que históricamente era muy desarrollada en estos campos, pero yo no quería pasar por el proceso formal de entrar a la universidad, entonces me presenté en una oficina y les dije que quería estudiar como alumno libre y me dijeron que sí, que solo entrara a las clases, y me dieron la lista de cursos, escogí las que me interesaban, como Teoría literaria y otra Historia del arte. Era la época del terrorismo en el Perú, de Sendero Luminoso, que en las noches metía bombas y la ciudad casi entera quedaba a oscuras y San Marcos era un caldo de cultivo para estudiantes que estaban metidos en movimientos revolucionarios, era peligroso, pero yo estaba enfocado en ir a aprender técnicas de literatura.
¿Quiénes eran esos profesores?
Recuerdo los dos profesores a los que apunté. José Antonio Bravo que era un escritor y periodista que hacía la clase de teoría literaria y la clase me mostró que yo no quería ser un escritor que siguiera las reglas (…) Para eso me sirvió esa clase, para aburrirme mortalmente con la teoría literaria, lo que yo necesitaba era explorar otras opciones, y al mismo tiempo, tenía una clase de Historia del arte, que la conducía un profesor español, que era alucinante. En esa clase, que era en la noche, reventaban las bombas y la universidad quedaba oscuras, y él no le decía a nadie que se fuera, encendía una vela y seguía dictando las clases porque antes de las bombas él colocaba imágenes con un proyector y nos mostraba pinturas de distintos estilos y épocas. Allí yo comencé a sentir que la pintura me influenciaba para escribir, incluso más que la literatura.
¿Qué otro universo cultural marcó esos años?
El cine porque yo iba a un cine club en un distrito de Lima donde crecí, Barranco, es un lugar bohemio, el cine club se llamaba El Cinematógrafo. Recuerdo mucho las películas de Ingmar Bergman, Buñuel, Hitchcock, Kubric, porque entonces viendo las películas, sobre todo de Buñuel, yo me decía que quería hacer eso, pero como no era director de cine, quería escribir como eso, y entonces iba ya a otros cines, como el del Instituto Cultural Peruano Alemán a ver mucho cine mudo, me comenzaba a alimentar del cine, (...) veía muchas películas de Ernst Lubitsch, Fritz Lang y todo eso me envolvió y lo traduje a lo que escribía en esa época, tenía 24 años, cuando escribí un cuento que se llama La nueva comunión que está dentro de una compilación titulada El alcohol despeja la mente (y la cortesía arruina al hombre).
Para mí la literatura es un juego con las palabras y con las imágenes, y el ritmo, por eso para mí es tan importante es el cine, la música, es un juego que causa impresiones, por eso la importancia de la pintura como la de los impresionistas, los cubistas y los que me alucinaron por complejo, los dadaístas, que rompían todo porque venían tan hartos de la Primera Guerra Mundial y eran a la vez muy divertidos, entonces eso es lo que yo trato de hacer también, imprimir una dosis de sentido del humor en lo que escribo porque eso tiene beneficios, porque permite ver con claridad la esencia de las cosas.
Terminemos con 3 libros que siempre recomendarías.
Un libro que me impactó mucho y que lo fui a buscar después de ver la película es El Filo de la navaja, yo vi la película de 1984, años después, cuando llegué aquí descubrí la original de 1946, basada en el libro de William Somerset. Me partió el cerebro y me hizo sentir que haciendo lo que yo hacía estaba en el camino correcto en cuanto a mi vocación.
El otro es un libro de cuentos de un escritor peruano, Julio Ramón Ribeiro, La palabra del mudo (1973). Ese libro, cuando yo era todavía un niño, tendría 12 años, lo encontré en un estante de mi casa y lo empecé a leer y me capturó, porque el tipo simplemente me cautivo porque sentí que yo era él. Yo era un niño muy retraído, muy solitario. Tuve la oportunidad de conocerlo, muchos años más tarde, me recibió en su casa y le compartí algunos cuentos iniciales, era un tipo espectacular.
Otro, El Proceso, de Kafka, porque contaba una historia totalmente absurda y me identifique con el personaje principal, Josef K., viviendo en mi propio mundo absurdo, pero, además, la forma tan simple y directa como escribía, y con un sentido del humor bastante infiltrado, me marcó, y fue un aliciente para mi propio trabajo en ese momento. (Parte I)
















