De Telemundo 47 y NY1 Noticias en Nueva York a Telemundo Atlanta, el periodista peruano consolida una carrera de más de tres décadas reconocida con un premio Emmy

Patricia Herrera Valdizán | New York Hispano | Colaboradora
Con una trayectoria de más de tres décadas en la televisión hispana de Estados Unidos, Adhemar Montagne se ha ganado un lugar entre los periodistas de mayor credibilidad y prestigio de la comunidad latina. Antes de incorporarse a Telemundo Atlanta, donde este año obtuvo un premio Emmy junto a su equipo de noticias, fue uno de los principales rostros de Telemundo 47 en Nueva York y posteriormente de NY1 Noticias (Time Warner), destacándose por la conducción de noticieros y entrevistas de alto impacto. De origen peruano y con una sólida formación profesional, Montagne ha construido una carrera marcada por el rigor informativo, el servicio a la comunidad y el compromiso con la verdad. En esta entrevista exclusiva para New York Hispano, comparte los momentos que definieron su vida personal y profesional, reflexiona sobre el periodismo actual y reafirma el orgullo de representar al Perú en el exterior.
Adhemar, cuéntanos de tus inicios en la carrera de comunicaciones.
Desde joven me atrajeron la comunicación y las noticias. Estudié Medios de Comunicación en Fordham University, en Nueva York, donde descubrí que el periodismo era mucho más que aparecer frente a una cámara: era una forma de servir a la comunidad. Mis inicios estuvieron marcados por el aprendizaje constante y por aprovechar cada oportunidad. Después de más de tres décadas, mantengo el mismo compromiso de informar con seriedad y credibilidad.

Sé que provienes de una familia de diplomáticos. ¿Los constantes viajes a diferentes países te hicieron ver otra perspectiva del mundo?
Definitivamente. Crecer en distintos países me enseñó que no existe una sola manera de ver el mundo. Cada cultura tiene sus costumbres y valores. Esa experiencia me ayudó a desarrollar empatía, a escuchar antes de juzgar y a adaptarme. También me dio una perspectiva internacional valiosa para mi trabajo periodístico.
¿Has sido una persona muy exigente contigo mismo?
Sí, siempre he sido muy exigente conmigo mismo. Nunca me ha gustado hacer las cosas a medias. Siempre he tratado de prepararme, corregir mis errores y seguir aprendiendo. Con el tiempo entendí que también debemos reconocer nuestros logros. El éxito es resultado de disciplina, constancia y años de trabajo.
Eres un orgullo peruano, a pesar de que naciste en Inglaterra. ¿Tu corazón está donde proviene tu familia?
Sin duda. Haber nacido en Inglaterra fue una circunstancia de la vida, pero mis raíces y mi identidad han estado ligadas al Perú. Es el país de mi familia, de mis recuerdos y de los valores que formaron la persona que soy. Uno puede vivir en distintos lugares, pero las raíces siempre viajan con uno. Yo llevo al Perú en el corazón.
Este 2026 has sido acreedor de un Emmy por tu labor en Telemundo Atlanta. ¿Cómo fue este logro? ¿Podrías también mencionar otras nominaciones?
Recibir un Emmy fue una satisfacción y un reconocimiento al trabajo de todo un equipo. En televisión nadie gana solo. En 2026 tuve el honor de recibir un Emmy de la región Sureste de Estados Unidos por Mejor Noticiero en Español. También estuve nominado en Cobertura de Noticias de Última Hora y Cobertura Continua. Los premios son importantes, pero lo que más me satisface es saber que nuestro trabajo puede orientar y ayudar a quienes nos ven.

¿Qué consejos darías a los jóvenes que emprenden esta profesión y, en especial, a los jóvenes peruanos?
Les diría que se preparen y nunca dejen de aprender. El talento importa, pero la disciplina, la responsabilidad y la constancia marcan la diferencia. En el periodismo hay que leer, informarse, aprender idiomas y aceptar críticas con humildad.
A los jóvenes peruanos les diría que no permitan que nadie limite sus sueños. Hay peruanos destacando en todo el mundo, pero no existen atajos. Hay que trabajar, actuar con honestidad y no rendirse.
¿Cuál ha sido la etapa más difícil de tu vida y cómo lograste vencer ese obstáculo?
La etapa más difícil de mi vida fue un período de tres años de desempleo. Mi esposa y yo tuvimos que hacer ajustes dolorosos. Vendimos la casa que habíamos comprado con tanta ilusión y nos mudamos de ciudad y de estado, alejándonos de nuestros hijos y de amigos de más de treinta años.
Esa etapa puso a prueba nuestra fortaleza, nuestro matrimonio y nuestra fe. Aprendimos a vivir con menos, a confiar más en Dios y a valorar lo importante. Con el tiempo entendí que mi valor no dependía de tener empleo. Fue una experiencia dura, pero nos hizo más fuertes.
¿Qué es lo que más añoras del Perú? ¿Y qué opción escogerías si tuvieras que mudarte a Lima?
Lo que más añoro del Perú es su gente, su calidez y esa manera de hacer sentir a los demás como parte de la familia. También extraño la comida, las tradiciones y los amigos. Si algún día me mudara a Lima, me gustaría seguir vinculado a las comunicaciones. Me entusiasmaría enseñar, formar a periodistas o participar en un proyecto que fortalezca un periodismo ético y comprometido con la verdad.
Estamos a puertas de Fiestas Patrias. ¿Qué mensaje darías a los peruanos que viven en el exterior como tú?
Les diría que nunca olviden sus raíces. Cuando uno vive fuera del Perú, se convierte en representante de su país mediante el trabajo, los valores y la forma de tratar a los demás. Ser peruano no depende del lugar donde vivimos, sino de lo que llevamos en el corazón y de cómo transmitimos nuestra cultura a nuestros hijos. En estas Fiestas Patrias, deseo que nos sintamos orgullosos de nuestras raíces y trabajemos por un Perú mejor.
Para finalizar, cuéntanos alguna anécdota que marcó tu carrera periodística.
Una de las coberturas que más marcó mi vida fue el viaje apostólico del papa Benedicto XVI a Washington y Nueva York. Esa experiencia no solo cambió mi manera de ejercer el periodismo, sino también mi vida personal y espiritual.
Durante esa cobertura tuve la oportunidad de conocer y trabajar con un sacerdote católico de la prelatura del Opus Dei. A través de nuestras conversaciones aprendí mucho sobre mi fe y experimenté un llamado muy profundo a la conversión.
Comprendí que la vida contemplativa no significa alejarse del mundo, sino encontrar a Dios en la vida cotidiana, en la familia, en el trabajo y en las pequeñas cosas de cada día. También entendí el valor de santificar el trabajo profesional y de ejercerlo con honestidad, responsabilidad y espíritu de servicio.
Desde entonces siento que esa experiencia me ha ayudado a ser un mejor esposo, padre, hijo y profesional. También me ayudó a entender que informar con verdad, respeto y sentido de servicio puede ser una forma de servir a Dios y a los demás.
















