El ladino resiste en tiempos de cambios y lejos ya del secretismo

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La persistencia hasta el presente de esta forma del español del siglo 16, provee una lección no sólo sobre la riqueza de ese idioma, sino también sobre su capacidad de “adaptación

Fotografía cedida por el Centro Stroum de Estudios Judíos de la Universidad de Washington donde se muestra la portada del libro en ladino “Nuevo silabario Espanyol: metod pratika i moderna por el embezamiento de la lingua Djudeo-Espanyola, kompuesta segun las mijores metodas fransezas” que fue publicado en Salónica (Grecia) por Ovadia Shemtov Naar en el año hebreo de 5689 correspondiente a 1929. EFE

EFE

Denver

Lejos ya de su antiguo secretismo absoluto, el ladino, la lengua de los judíos procedentes de la España medieval, resiste en Estados Unidos, donde todavía hay personas que lo hablan en Nuevo México y Colorado, en una muestra de “resiliencia” de los pueblos durante tiempos de cambios profundos.

El rabino Jordi Gendra, director del Centro Sefarad en Nuevo México, cree que la persistencia hasta el presente de esta forma del español del siglo 16 en Nuevo México y en el sur de Colorado provee una lección no sólo sobre la riqueza de ese idioma, sino también sobre su capacidad de “adaptación”.

Según la Enciclopedia Británica, el ladino es hablado por entre unas 60.000 y 80.000 personas en todo el mundo, con la mayoría de ellos en Israel.

En Estados Unidos, a mediados del siglo pasado habías unas 20.000 personas hablando ladino en el norte de Nuevo México y el sur de Colorado, aunque en la actualidad ha bajado a unos pocos miles, y quizá unos pocos cientos.

COMUNIDAD SECRETA

Pero pueden ser más, porque el grupo que habla ladino, los criptojudíos, son personas que a menudo todavía mantienen su identidad judía en secreto.

“La lengua española tiene una historia muy rica no sólo por el número de personas que la hablan, sino también por ser una lengua hablada por comunidades resilientes. Ahí, creemos, está el verdadero punto de interés”, expresó a Efe.

Durante los últimos ocho años, el Centro Sefarad del que forma parte este español ha estudiado “la cuestión lingüística del Ladino-Nuevo Mexicano“, una denominada “lengua de frontera” que se habla ininterrumpidamente desde 1596 hasta el presente en ese estado y en numerosos condados del sur de Colorado.

De hecho, ni siquiera tras la guerra en la que Estados Unidos conquistó ese territorio en 1848 se dejó de usar el español, reconocido como lengua autóctona de esa región, y no considerado como un idioma extranjero, indicó Gendra.

Pero, enfatizó Gendra, no se estudia el ladino y los criptojudíos por su pasado sino por su presente y por las lecciones que ese presente enseña a otros pueblos que, por guerras, conquistas, desplazamientos u otras circunstancias se ven obligados a mantener en secreto su identidad cultural o su idioma tradicional.

CAMBIO GENERACIONAL

Para algunos, se está produciendo una “ruptura generacional” en el traspaso del idioma y las tradiciones de las generaciones más ancianas a las más jóvenes.

Pero para Gendra, no se trata de una ruptura, sino de un “cambio orgánico que indica que esa tradición sigue viva y evoluciona adaptándose a los cambios de los tiempos.”

Pero, para muchas personas, incluyendo los criptojudíos del suroeste del país, o los pueblos nativos de las Américas, o los inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos, ese cambio orgánico incluye un componente de “secretismo”.

En el caso de los criptojudíos y del idioma ladino se debe recordar, dijo Gendra, que la Inquisición continuó en México y, por lo tanto, en Nuevo México, hasta 1821, “hace tan sólo 200 años”, apunta, por lo cual las personas de origen judío debieron vivir en secreto su identidad.

El traspaso del territorio a Estados Unidos y las dos grandes guerras mundiales del siglo XX forzaron a continuar con ese secreto.

LLEGÓ LA APERTURA

De hecho, fue sólo en la década de 1990 y gracias al trabajo del entonces historiador en jefe de Nuevo México Stanley Hordes que la situación comenzó a cambiar al estudiarse por primera vez los archivos genealógicos en ese estado y en España para determinar los orígenes de las familias que llegaron a Nuevo México a finales del siglo XVI.

“Esas tradicionales familias nuevomexicanas han guardado un orgullo de considerarse como descendientes del Imperio español. No es casual, porque fueron 300 años parte del imperio y sólo unos 180 años formando parte de Estados Unidos”, subrayó Gendra.

“Los pueblos originarios sufrieron algo parecido durante la llamada ‘conquista espiritual’ de Nueva España, un territorio que abarcaba desde Guatemala hasta el sur de Colorado. Las identidades de esos pueblos se vieron obligadas a adaptarse a los dictados del tiempo y fueron creando mecanismos de resiliencia”, comentó.

En su opinión es interesante estudiar las coincidencias de esos “mecanismos” en ambas comunidades, las primeras naciones y los primeros pobladores europeos de origen judío”, agregó.

Para este segundo grupo ha sido de gran beneficio un notable cambio de actitudes a nivel social, académico y gubernamental durante los últimos 20 años.

Por ejemplo, la comunidad judía en general se ha interesado por la capacidad de los criptojudíos de “manejar múltiples identidades al mismo tiempo”, un importante tema para la comunidad judía estadounidense.

El estudio del idioma ladino, dijo Gendra, es una invitación a dejar de lado la narrativa de “contacto-conquista-absorción” que “despoja a las personas de su identidad e historia”.

El idioma ladino y los criptojudíos ofrecen una “narrativa distinta que permite volver a lo auténtico”.

“¿Por qué entonces todo ese secretismo? Porque todos somos dueños de nuestras propias narrativas y estas narrativas crean nuestra identidad. Pero ya han sido tantos años de vivir en la sombra que la sombra se ha vuelto cómoda”, concluyó.

9 de Abril del 2021

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