Violencia y desamparo viajan en el mismo tren

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Luis Alfredo Collado/New York Hispano

Colaborador

New York

Las personas desamparadas que ocupan plazas públicas y el Metro de Nueva York se han convertido en un problema que le ha resultado difícil de solucionar a las autoridades. Con frecuencia ocurren hechos que han resultado en tragedia para las víctimas, otros terminan con golpes y heridas, y en muchos de esos hechos se involucra a personas sin hogar.

Con frecuencia se reportan casos de agresiones entre desamparados y pasajeros siendo los más comunes las peleas, apuñalamientos y los que lanzan a los rieles del subterráneo.

 En febrero de este año hubo un hecho que además de desagradable es poco común, sucedió en la parada de la calle Wakefield-241 del tren 2, donde Frank Abrokwa le lanzó heces fecales a una mujer que esperaba el tren, el sujeto luego fue arrestado en un refugio de El Bronx.

 Desamparados con aparentes trastornos mentales se han convertido en un serio dolor de cabeza para los pasajeros del Metro que en ocasiones deben soportar fuertes olores que se desprenden de condiciones higiénicas deplorables, y por lo visto no hay una solución inmediata a este problema que además afecta la imagen de la ciudad y a su industria turística debido a que visitantes de otros estados y países regularmente viajan en tren, y hacer uno de esos paseos en la Gran Manzana muchas veces es parte de su plan de viaje.

 “Una estación del tren no es el lugar adecuado para una persona con problemas mentales que uno nunca sabe como va a reaccionar, lo que deben hacer es llevarlo a un centro de salud mental y ayudarlo, pero no se ve que hay intención de hacer eso porque seguimos viendo cada día más desamparados en los vagones”, dijo Aldo B. Morales, un usuario del transporte público en la estación Euclid de Brooklyn.

Hasta el 31 de marzo de este año la administración del alcalde Eric Adams había desmantelado 239 campamentos de desamparados en las calles de Nueva York, en una jornada de solo 12 dias y en la que solo 5 personas aceptaron ir a refugios. En uno de esos campamentos fueron encontradas unas 500 jeringuillas hipodérmicas presumiblemente para inyectarse drogas.

El sicólogo Henry Montero, Consejero de Salud Mental en “Alquímedes Mental Health Counseling” y director de salud conductual para “CCN General Medical”, considera que factores socioeconómicos pueden afectar aún más las condiciones y el estado en que viven personas con enfermedades mentales en lugares públicos como la falta de atención médica adecuada, la ausencia de alguien que se preocupe por la continuidad de un tratamiento a la condición que padezca para que le ayude a recobrar la salud mental.

En cuanto a los episodios de violencia que protagonizan personas con enfermedades mentales, Montero concluye que la esquizofrenia en su etapa crónica le hace perder el control con alucinaciones y escuchando voces que los inducen a cometer actos violentos y que algunos pueden reaccionar de esa forma por el ruido y estimulaciones visuales. Agrega que por esa razón en las unidades de psiquiatría predomina un solo color.

 El año pasado se reportó que 1,100 personas vivían en la vía pública, refiriendo calles, estaciones del Metro y parques. Algunos consideran que las cifras oficiales son muy conservadores porque el número pudo ser superior al indicado conforme a lo que cree Ana Adames, que ha sido voluntaria en un programa de distribución de raciones alimenticias para personas de bajos ingresos.

Aunque no se sabe con exactitud cuántos desamparados pasan la mayor parte del tiempo en las estaciones de los trenes donde duermen y hasta hacen sus necesidades fisiológicas. Algunas estimaciones consideran que la cifra se sitúa 300 y 400 personas. Uno de los lugares con mayor número de personas sin hogar es la parada Penn Station de la calle 34 donde en las noches se pueden ver a muchos dormir cubiertos con frazadas u otras cobijas, mayormente en el pasillo que da acceso a los corredores de las líneas azules ACE.