Campanella reinventa una icónica obra de Broadway y la convierte en una historia profundamente latinoamericana sin perder su fuerza original, que ahora todos pueden ver en Netflix

Nicolás Meyer | New York Hispano | Colaborador
Una triunfal obra de Broadway que, trasladada al cine, hasta ahora sólo podía gozarse en idioma inglés o con subtítulos, acaba de llegar también a las pantallas en idioma español y con ambientación latinoamericana.
En el principio –lo cual nos remonta al año 1985 para el estreno en Broadway– existió una obra de teatro, ‘I’m Not Rappaport’. Tenía algo de comedia reidera al estilo de las de Neil Simon, pero la combinaba también con pasajes mucho más dramáticos. Escrita por el dramaturgo Herb Gardner, trataba de dos octogenarios que suelen encontrarse en el Central Park de Nueva York… generalmente peleándose. Por lo tanto hay en ella algo de ‘The Odd Couple’ (La pareja dispareja) de Simon. Entre los temas que incluyó Gardner, tratados con risas más algún susto y alguna lágrima, están la soledad y los achaques de la vejez, la necesidad de combatir por los ideales, y el desamparo de los marginales de la sociedad. El mecanismo principal de la obra son los diálogos divertidos y punzantes.
Luego (1996) se hizo una versión cinematográfica, dirigida por el mismo Herb Gardner y ostentando a Walter Matthau en el papel más relevante, acompañado por Ossie Davis.
Llegados a 2013, se ocupó de la obra uno de sus más encendidos admiradores, Juan José Campanella, director y guionista de cine argentino: uno de los responsables de que en años recientes Latinoamérica haya ganado toda una serie de Óscares a la mejor película extranjera. Campanella se llevó uno de tales premios en 2010 con su film ‘El secreto de sus ojos’.
Residente durante muchos años en Estados Unidos (donde dirigió diversos capítulos de series de televisión como ‘Law & Order’), Campanella hizo una adaptación teatral de una obra tan neoyorquina como ‘I’m Not Rappaport’ ambientándola en Buenos Aires. Y un detalle cristaliza el grado de éxito de su emprendimiento.
Hablando en cifras redondas, la pieza original tuvo 900 representaciones en Broadway, donde alcanzar más de unas 500 ó 600 es generalmente considerado una victoria. La adaptación de Campanella hizo 1.200 funciones.
Y ahora, en marzo de 2026, su versión ha pasado de las tablas a las pantallas –con dirección también de él, y con el mismo elenco– con lo cual se ha tornado accesible a los espectadores hispanoparlantes dondequiera que estén. El filme fue producido para distribución a los aparatos televisivos por el servicio de streaming de Netflix.

Si la comedia dramática original estaba ambientada en Central Park, la versión latina se sitúa en un emblemático espacio verde de Buenos Aires: de allí se deriva su nombre, ‘Parque Lezama’. Aunque no hay pruebas concluyentes, muchos historiadores creen que fue en ese sitio que en 1536 se fundó por primera vez la ciudad, cabiendo con mucha holgura toda la aldea en lo que ahora es este parque. (Pero los indígenas de la región se resistieron amargamente a la intrusión de los españoles, al punto que estos se vieron obligados a huir al poco tiempo. De todas manera, regresaron en 1580, refundando entonces Buenos Aires en un sitio cercano).
En la obra teatral primero, y en el film ‘Parque Lezama’ después, Campanella alcanza dos propósitos que podrían parecer contradictorios. Por un lado retiene los eventos, la nómina de personajes y la esencia de los diálogos de ‘I’m Not Rappaport’ con mucha fidelidad, aunque también introduce uno que otro chiste nuevo. Por otro, adapta todo tan estrechamente a su nuevo entorno que si no se tuviera noticia de su procedencia última, podría pensarse que es una pieza de puro origen local. La razón de que esto sea posible es que los eventos y personajes son en realidad universales, presentados en este caso en una muy trabajada caracterización latinoamericana.
Por supuesto, esta mimetización en el lugar incluye la particularidad que su idioma español, el que se usa en el film, es la variante argentina; por suerte, así como un film mexicano, por ejemplo –con mexicanismos incluidos– logra saborearse en todo ámbito hispanoparlante, para los argentinismos se genera el mismo efecto de integración dentro de la diversidad.
Tanto en ‘Rappaport’ como en ‘Lezama’ uno de los dos principales personajes es un anciano judío, insistentemente fabulador, con fuertes ideales, nunca abandonados, de reivindicaciones sociales, lo cual lo lleva a buscarse pleitos sin fin. Mientras tanto, el segundo es de aquellos que procuran siempre esquivar todo bulto que pueda. En la versión estadounidense este último es afroamericano, en ‘Parque Lezama’ es de origen español. Encabezan el elenco, respectivamente, Luis Brandoni y Eduardo Blanco.
Aunque al comienzo de la nueva película se declara que la misma podría suceder en cualquier época, en la práctica está situada, como lo estaba ‘Rappaport’, en la actualidad. Esto obligó a algunos cambios en las cronologías, para que el dúo central siguiera teniendo unos 80 años, en un caso hacia finales del siglo pasado y en el otro ahora. Así, cuando se mencionan listas negras en el cine, en el primer caso se habla del macartismo de los años 40 y 50 y en el segundo, de la dictadura argentina en los años 70.

Eso es, de todas formas, circunstancial. Hay otra modificación realizada por Campanella que cala más profunda –y dolorosamente– en la realidad del continente. En determinado momento, un personaje intenta amedrentar a otro de los participantes en la trama. En ‘I’m Not Rappaport’, lo que más naturalmente se le ocurre, es hacerlo fingiendo ser un capo mafioso. En la versión latinoamericana, se hace pasar por un corrupto y amenazante alto oficial de policía.
No es que no haya, conversamente, pandilleros en América Latina o policías indignos de su placa en Estados Unidos. Pero el hecho que lo mencionado sea lo primero que se le ocurre a ese personaje, en cada uno de los lugares, es algo que el nuevo film ofrece como tema para pensar.
Pulicado el 08 de abril del 2026
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