“Ya en mi adolescencia supe lo que quería ser”

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Afirma Carlos Guevara, director de la Oficina de Tecnología Educativa de Hostos Community College

Carlos Guevara.

Arturo Castillo / New York Hispano

Colaborador

El proceso profesional-académico del ecuatoriano Carlos Guevara, director de la Oficina de Tecnología Educativa y Co-director del Centro de Enseñanza y Aprendizaje de Hostos Community College, ha sido vertiginoso e intenso. Su fórmula para el éxito, que en su hablar pausado y sereno, suena sencilla, es bastante difícil, elusiva, para aquellos que carecen de un carácter resuelto, voluntad, disciplina; inmunidad a las distracciones del entorno, y amor por el conocimiento.

De mente matemática, concreta y práctica, Carlos, sin embargo, no deja de soñar acerca de su propio crecimiento humano y profesional. Ayudar a los estudiantes hispanos, particularmente a los ecuatorianos, es parte de sus sueños y afanes cotidianos.

“Emigré a los Estados Unidos cuando tenía aproximadamente 20 años. Había concluido el colegio y también había pasado un año por el servicio militar. Estaba empezando la universidad en la Escuela Politécnica Nacional del Ecuador. Mi padre ya había migrado a este país años atrás. Él hizo la petición para que yo viniera, con la finalidad de que estudiara mi carrera universitaria”, dijo.

“Y entonces me enfrenté a lo desconocido: nuevo lenguaje, nueva cultura, nueva familia. De modo que lo primero fue adaptarme a esos cambios radicales. Conseguí diferentes tipos de trabajo con el propósito de aprender el idioma. Mi papá tenía una empresa de filtros de agua y productos para la casa, de modo que también trabajé con él en ventas. Tuve varios trabajos en Manhattan, que me obligaban a  hablar el inglés. Trabajé en una panadería, en una tienda de carteras para mujer; así fui perdiendo gradualmente el miedo al idioma”.

“Al mismo tiempo, exploraba un poco cómo funcionaba el sistema, cómo era el proceso de entrar a la universidad; no teníamos mucha información. Generalmente pasa eso, y fue una de las primeras problemáticas que yo viví y que después me impulsó a pensar cómo podría en el futuro ayudar a otros jóvenes que enfrentaran los mismos dilemas y dificultades”, dijo.

Carlos Guevara recibiendo un premio.

Pero fueron exactamente esos problemas los que estimularon tempranamente su vocación para motivar, guiar e inspirar a los jóvenes. Su misión consistiría en armonizar lo académico con lo humano, a partir de una pedagogía distinta. Y en lo práctico, habría de hallar los medios y mecanismos para que aquellos que estuvieran dispuestos a triunfar tuvieran la ayuda necesaria. Su propia experiencia, sin embargo, le probaría que el camino no era tan sencillo.

“En ese tiempo, mi padre estaba bastante enfocado en trabajar, en buscar la manera de proveer a la familia, y dejando de lado su crecimiento personal, lo cual es bastante común, no solo en nuestra comunidad hispana, sino en una vasta mayoría de los migrantes. Consecuentemente, él no tuvo la oportunidad de conocer cómo funcionaba el sistema educativo. Empezamos a aprender en el curso de la búsqueda de universidades. Como al año de mi llegada a Estados Unidos, fui aceptado en una universidad”.

Entre risas, Carlos confiesa su pasión por el estudio, lo que le valió el adjetivo de ‘matón’ en el colegio. “Yo era de aquellos que cuando todo el curso quería irse de huelga, yo me quedaba en el aula. Tenían que sacarme a rastras para que saliera”. Y bueno, acá pasó a ser un ‘nerd’, pues la misma pasión y determinación habría de aplicar para su exitoso avance estudiantil y académico.

“Fui aceptado en Hostos Community College, y fue ahí que empecé mi travesía en la parte educativa, que después se convirtió en el espacio que proyectó toda mi futura carrera. Ahí estudie un par de semestres; luego me encaminé hacia lo que realmente era mi meta, la ingeniería de sistemas, que acá se llama Ciencias de cómputo. Pude transferirme para la universidad City College, donde cursé la carrera en cuatro años. Tuve que hacer cursos de nivelación; tomaba bastantes clases”.

Carlos recuerda algunas anécdotas acerca del inglés. Al cabo de cuatro años, si bien no era ciento por ciento bilingüe, “me defendía”, dice bromeando. Pero el tema no era estrictamente el inglés como tal, sino los acentos. “Yo tenía profesores de África, de China. Si quería asimilar lo que estaban enseñando, tenía que entender su acento. Con la práctica, uno va afinando el oído”.

Sus exámenes de admisión para la universidad evidenciaron que su nivel de matemáticas era bastante alto, lo que le catapultó en la dirección de sus aspiraciones.

“Me enviaron a la oficina de tutoría de matemáticas. En ese departamento me contrataron para que diera tutorías. Amagínese, yo apenas llegado y ya estaba dando tutorías de matemáticas a otros estudiantes. Eso me ayudó increíblemente. Hostos Community College tiene numerosos estudiantes hispanos; más del 65 por ciento. Muchos de ellos están aprendiendo el inglés, están nivelándose. En mi trabajo, intencionalmente, me concentraba en los estudiantes que no hablaban español, porque eso me obligaba a practicar el inglés al enseñar. Luego fui tutor de clases de Economía. En el City College también fui tutor de Ciencias de cómputo.

Para darle continuidad a mi carrera, aplique con varias universidades para hacer el doctorado, para la maestría. Me aceptaron en Columbia y también en NYU (New York University). Finalmente, opté por Columbia”.

“Su carrera no tiene fisuras, Carlos; ha sido meteórica, con un vértigo tremendo. Tal parece que usted nunca enfrentó dudas o dilemas; como que siempre supo para qué estaba predestinado. Su historia es atípica”, le hacemos notar.

Carlos Guevara con los jóvenes ecuatorianos.

“Ya en mi adolescencia supe lo que quería ser. El apoyo de la familia ha estado siempre ahí. Yo soy el primero que ha terminado una carrera universitaria. Nosotros crecimos con bastantes necesidades; eso me dio empuje para querer superarme. Yo crecí con mi padrastro, que era militar; de modo que yo tenía disciplina militar, disciplina a la antigua, a la fuerza. Y cuando vine a este país, mi padre era para mí prácticamente un desconocido. Yo debí adaptarme a una nueva familia, a una nueva cultura, a un nuevo idioma. Pero nunca perdí el objetivo de lo que quería ser”.

Inspiradora como suena la historia de Carlos Guevara, tiene impacto actualmente en la vida de muchos jóvenes que le conocen y atienden sus clases.

Plenamente sustentado en su experiencia académica, Carlos Guevara sostiene que el nivel educativo ecuatoriano es bastante bueno. “Los niveles de lectura y escritura, de matemáticas, son muy bajos en el sistema educativo público de Estados Unidos. En este país se tiene una falencia en las bases. Llegar acá y tener esa confianza de decir: “ah, mira, lo que yo aprendí en el Ecuador me está poniendo en una buena posición”. A mí, esa posición me abrió las puertas para ser tutor de matemáticas”.

La faceta de servicio comunitario de Carlos Guevara, desde la organización ‘Juventud Ecuatoriana’, está orientada, justamente, a brindar información de calidad en el ámbito educativo. La idea es agrupar a los jóvenes que enfrentan situaciones en común, para orientarles en todos los procesos y oportunidades académicas. “Durante 14 años hemos venido entregando becas. Se asignan cinco becas anuales, de $1,000, a jóvenes destacados. Son becas de empuje motivacional, que reconocen el trabajo arduo de los estudiantes. Son alumnos de cualquier nivel universitario. Igual que pasa en Ecuador, aquí hay ese vacío, la sociedad no reconoce el esfuerzo del joven”.

Carlos Guevara es un matemático que vive con una filosofía. “Yo tengo una filosofía: Yo voy a apuntar a la luna. Yo sé que en el transcurso voy a llegar a la montaña, a la cúspide de la montaña. Pero si no tengo la meta de llegar a la luna, nunca voy a llegar a la cima de la montaña”.