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CARTA PÚBLICA

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Apoyo al Proyecto de Ley Que Garantizaría un Final Digno a Neoyorkinos 

Guillermo Chacon, presidente de la Comisión Latina sobre el SIDA.

Por Guillermo Chacón 

Hace veinte años me diagnosticaron cáncer maligno de colon. Tratamientos dolorosos e invasivos me salvaron la vida, pero al mismo tiempo me destrozaron el espíritu. Fue gracias a mi fe católica, a mi Señor, y a mis santos, que logre volver a encaminar mi vida.  

Lamentablemente, mi historia no es excepcional entre latinos neoyorquinos. Muchos se enfrentan a otras mucho más crueles que la mía. En nuestra comunidad, las enfermedades cardiacas y el cáncer son las causas principales de muerte, pero también estamos muy bien representados entre quienes viven con VIH/SIDA y otras enfermedades mortales.  

Incluso con los cuidados paliativos más dedicados y profesionales, amigos, vecinos y familiares que enfrentan este tipo de enfermedades terminales, suelen pasar sus últimos días entre el dolor y la agonía. 

Pero el sufrimiento no debe ser la antesala de la muerte. Hoy, un proyecto de ley que garantizaría un final compasivo y digno para los neoyorquinos como yo, que están sufriendo con enfermedades terminales, se encuentra en el escritorio de la gobernadora Kathy Hochul. Ella pudiera, y debería, firmarlo ya, sin titubeos, para garantizarnos una opción real para muchos que, así como yo, no tienen otra salida más que el sufrimiento.  

-Aviso-

No cabe la menor duda que la muerte es inevitable, pero en Nueva York tenemos la oportunidad de cambiar la manera en la que acompañamos el final de la vida. Si este proyecto se convierte en ley, la Ley de Ayuda Médica para Morir permitiría que adultos mentalmente lucidos y capaces, con una enfermedad terminal y una expectativa de vida de seis meses o menos, pudieran recibir un medicamento recetado para partir pacíficamente mientras duermen. Sería una opción reservada solo para pacientes que no tienen tratamiento capaz de aliviar su dolor.  

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Hoy en día, la ayuda médica para morir está permitida en 11 estados y Washington, D.C., lo que significa que el 23% de los adultos en nuestro país tienen acceso a esta opción. Tres de cada cuatro estadounidenses (74%) de origen y creencias distintas apoyan esta medida. En Nueva York, los votantes la han respaldado por un margen de dos a uno. Y en nuestra propia comunidad latina, el apoyo llega a 69% entre hispanos y a 65% entre católicos.  

Este proyecto cuenta también con el respaldo de la Hispanic Health Network, el Congressional Hispanic Caucus Hispanic Council on Aging, Latinos for Healthcare Equity y Catholics Vote Common Good, además de médicos, abogados, enfermeras, psiquiatras y más de 60 organizaciones en todo el estado. 

Es cierto que en Nueva York se mantienen muchas desigualdades raciales, sobre todo en el sistema de la salud, que ponen a nuestra comunidad en desventaja. La atención médica es costosa, el acceso a servicios de calidad es desigual, y demasiadas familias se ven obligadas a elegir entre pagar por atención medica o sobrevivir económicamente. 

Pero esas injusticias existen con o sin esta ley. Legalizar la ayuda médica para morir no acelerará la muerte de nadie, incluidos los latinos. De hecho, la experiencia en otros estados demuestra lo contrario: abrir esta opción ha mejorado el acceso a todos los servicios que se encargan del fin de la vida.  

En aquellos lugares donde la ayuda médica para morir es legal, el uso de hospicio es mucho mayor — un promedio de 44.5%. En Nueva York, apenas el 24.7% de los beneficiarios de Medicare reciben este tipo de atención al final de sus vidas. 

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Los neoyorquinos, que hemos luchado tanto a lo largo de nuestra existencia merecemos tener también una opción cuando llega el momento de partir. La ayuda médica para morir simplemente ofrece una salida pacífica a quien ya está listo para descansar. 

Lo digo con claridad: si mi cáncer regresa y me lleva de nuevo a las puertas de la muerte, quiero tener esa opción para mí. 

Sé que no todos estarán de acuerdo. Quienes tengan convicciones religiosas o morales en contra nunca estarán obligados a elegir este camino. Pero tampoco es justo negar a los demás el derecho de decidir cómo enfrentar su sufrimiento. 

Al final, este debate se reduce a una sola palabra: respeto. Respetar la fe y las creencias ajenas, y reconocer que permitir esta opción daría un alivio incalculable a quienes la necesitan. 

Gobernadora Hochul, le pido que, como yo tantas veces, se apoye en su fe católica. Reconozca la compasión de brindar acceso a esta alternativa humana para todos los neoyorquinos con enfermedades terminales — aunque muchos nunca la usen, aunque otros sí la necesiten. 

Guillermo Chacón es el presidente de la Comisión Latina sobre el SIDA y forma parte de la junta directiva de la Red Salvadoreña-Estadounidense Nacional (Salvadoran American National Network), Salud Latina/Latino Health en Chicago, Solidaridad Humana en Long Island y la Coalición de Inmigración de Nueva York. 


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