“Soy un diplomático todoterreno”

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El cónsul general del Ecuador, José Sandoval, explica sobre su labor y la comunidad ecuatoriana en la Gran Manzana

José Sandoval, Cónsul general del Ecuador, dándose la mano con Eric Adams, alcalde de Nueva York.

Arturo Castillo/New York Hispano

Colaborador

José Sandoval, cónsul general del Ecuador en Nueva York, es un diplomático de carrera, que ha servido a su país por 39 años, en diversas regiones. Su estilo de comunicación es cálido y directo, siempre dispuesto a escuchar y a intercambiar criterios. Su buen talante y disponibilidad dan confianza para expresar nuestras inquietudes. “Pregunte cuanto quiera”, dice, y le tomamos la palabra.

Señor cónsul, así que usted está recién desempacado. ¿Cómo le ha recibido la Gran Manzana?

Primeramente, es un privilegio estar aquí para servir a mis compatriotas. Difícilmente podía haber tenido un inicio más auspicioso.  Tenemos acceso directo a la oficina del alcalde de Nueva York, Eric Adams, con quien hemos compartido varios escenarios. Él estuvo en el desfile de la nacionalidad ecuatoriana, en calidad de padrino. Pude obsequiarle un sombrero de Jipijapa, como muestra de amistad.

Juntos izamos, por primera vez, la bandera ecuatoriana, en un sitio emblemático, Bowling Green, donde se enarboló la bandera de Estados Unidos como un país libre. Y junto a él estuvieron otras autoridades importantes de la ciudad, que también tienen aprecio por nuestra comunidad.  En cuanto a los compatriotas, he sido recibido de manera muy positiva.

Tal parece que usted tiene el camino allanado, que sus predecesores dejaron el terreno abonado. En adelante, con su estilo personal, ¿qué hay en su agenda?

Los desafíos son enormes; tenemos mucho por hacer. Tuvimos una reunión virtual con líderes comunitarios, a quienes expuse los ejes de mi gestión. Entre otros aspectos, enfaticé en la importancia de una buena comunicación entre el Consulado y los usuarios de sus servicios.

Para ello es necesario entender las particularidades que tiene la comunidad ecuatoriana de esta ciudad. Hay un segmento de esa comunidad que ha estado tradicionalmente olvidado; me refiero a los quichua-hablantes.

¿Quiere decir usted que el mismo esquema de segregación que se vive en el Ecuador se replica acá, en Nueva York?

Se replica más agudizado. Si se considera el lugar de origen de los migrantes, que su gran mayoría son de Cañar, Chimborazo, Bolívar, Cotopaxi, es obvio que se sienten más cómodos hablando quichua. Estamos haciendo un esfuerzo para llegar a ellos, porque nos percatamos de que instrucciones muy sencillas no eran entendidas, justamente por su dificultad con el español.

¿Qué hacer con los migrantes ecuatorianos que trabajan en las calles como vendedores ambulantes, que cargan consigo a sus niños?

Nuestro primer programa estará orientado a madres y padres vendedores ambulantes, que llevan a sus hijos cargados en sus espaldas, como ocurre en Ecuador. Lo primero, es educarles en las leyes de este país. Dejar a los niños en las aceras mientras trabajan, puede desembocar en la extracción de esos pequeños por parte de las autoridades, con todo lo que ello implica. Hemos emprendido ya una campaña bilingüe.

¿Cuál será la estrategia del Consulado en relación a los hijos de esos migrantes, que deberán adaptarse a la cultura estadounidense, empezando por la escolarización?

Implementaremos algo que funcionó en el Perú, cuando estuve allá de cónsul, y que estaba dirigido a los hijos y nietos de los migrantes. La idea es reforzar los lazos de identidad. En Queens y West Chester, concretamente, iniciaremos actividades lúdicas, para que los niños de los migrantes ecuatorianos sepan de dónde proceden, para que ubiquen geográficamente el lugar de donde vienen sus padres; que se familiaricen con la música, con las tradiciones de sus antepasados.

También trabajaremos en alfabetización digital, pues muchos de esos compatriotas se sienten perdidos cuando deben hacer gestiones en la página web del Consulado, o tienen que responder un correo electrónico, lo que les vuelve presa fácil de intermediarios, que buscan aprovecharse.

Todos esos servicios implican saber dónde están los ecuatorianos, cuántos son. ¿Cuenta el Consulado con un censo confiable?

Hay estimaciones. Según el último Censo de los Estados Unidos, hay alrededor de 700 mil ecuatorianos en el área tri-estatal, de los cuales, 500 mil estarían en Nueva York.

Considerando que la comunidad ecuatoriana de Nueva York tiene un peso político en el Ecuador, ¿cómo afrontará usted esa circunstancia?

Mi carta de presentación es que yo soy un funcionario de carrera, y mi único partido político es el país. Tengo una posición absolutamente ecuménica; me llevo bien con todos.

Finalmente, ¿algún temor latente que le preocupe?

Ninguno. Yo he estado en la frontera, en la selva, fui director de refugiados. He trabajado con machete en la selva esmeraldeña; he plantado café, cacao, hemos construido tendales con los campesinos. Soy un diplomático todoterreno.

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