Entrevista: “El sueño americano consiste en comprar una casa”

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El arquitecto ecuatoriano Marco Tamayo, un líder en la construcción en Nueva York en proyectos superiores a los $400 millones

El arquitecto de origen ecuatoriano, Marco Tamayo.

Arturo Castillo | New York Hispano

Colaborador

Nueva York

Para el arquitecto ecuatoriano Marco Tamayo, oriundo de Ambato, la palabra construir tiene una magia especial, es una poderosa metáfora. Graduado de la Universidad Central del Ecuador, pensó que viniendo a Estados Unidos, al país que había admirado desde siempre, podría construir casas y edificios, emprender proyectos de gran envergadura. “Debe haber una manera concreta de construir el sueño americano”, se dijo, con mentalidad de arquitecto. De modo que armó maletas, junto todo su capital, $500, y viajó, dispuesto a edificar sus anhelos.

“¿Así que usted pensaba que sueño americano se construía con ladrillos?” “¡Es la única manera!”, responde con jovialidad y tono afirmativo.

Luego de haberme graduado como arquitecto en 1982, en el 89 decidí viajar a Nueva York para hacer estudios avanzados en cuestiones urbanas. Llegué y tuve la oportunidad de hacer algunos cursos de entrenamiento en MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts, Boston). Ya con esa capacitación, me vinculé a trabajar en asuntos de financiamiento de vivienda para compradores de casas. Luego hice el Master degree en Hunter College, obteniendo el título de experto en planificación urbana. En ese punto, decidí empezar a hacer un poco de construcción, para entender cómo funcionaba en este país el sistema de construcción, lo cual fue una decepción. ¡No aprendí nada!

¿Quiere decir que se le derrumbó el mito de una ciudad construida con rigor técnico, con parámetros de regulación urbana exigentes, con elevados estándares normativos?

Efectivamente. Era una tecnología completamente simple; todo el mundo podía hacerlo. Cualquiera podía coger el taladro y poner ‘sheetrock’, y ya era contratista. Yo tenía otra idea. Ese fue mi primer encuentro con la ciudad.

El arquitecto Marco Tamayo, junto al alcalde de la ciudad de Nueva York, Eric Adams.

¿Le parece a usted que se violan sistemáticamente las normas de construcción? ¿Que la forma de construir tiene fallas y dificultades?

¡Uy, bien serias! En general, los que hacen cuestiones equivocadas y violan normas elementales son todos los que compran propiedades. Están conscientes de los problemas estructurales, saben todas las deficiencias, pero las cubren, las maquillan y las venden. Y como las personas que compran propiedades no entienden del tema, son embaucadas. Las construcciones están plagadas de todo tipo de fallas. ¡Hay gente que engaña, que son verdaderos estafadores!

¿Qué hizo, entonces? ¿Remar contracorriente?

Ya como experto en planificación urbana, me había vinculado de lleno al ‘community board de donde vivo, el Upper East Side, una zona de gente de mucho poder económico.

En la comunidad, yo debato públicamente con los mejores arquitectos, porque los proyectos más importantes llegan por ahí; son proyectos extraordinariamente grandes, $300, $400 millones. Yo debato la cuestión del uso del suelo y la cuestión de zonificación. Aparte de ello, también debato acerca del tema de los edificios históricos. El Upper East Side de Manhattan está lleno de edificios históricos; la historia de Nueva York básicamente radica en esa área. En la época de los 1900, la ‘creme’ de la ‘creme’, como se dice, ocupaba el Upper East Side; mientras que el Upper West Side, que tiene una buena reputación, era para la gente de clase media alta. La otra avenida, la más conocida de todas, Park Avenue, que es parte del distrito, es completamente histórica. Yo participé, justamente, en el debate de su tratamiento urbano, de su zonificación.

Obviamente, se juegan muchos intereses, hay mucho dinero de por medio. Bajo esas condiciones, el debate público debe ser muy complejo.

Yo estoy frecuentemente involucrado en este tipo de discusiones públicas. Uno de los proyectos más grandes que discutí últimamente tuvo que ver con el Blood Center, que está en la 68. La idea de administrar una ciudad es ser justos con la zonificación, donde cada dueño de una parcela o de un edificio tiene la oportunidad de construir de acuerdo con las regulaciones, pero lo que sucede es que la ciudad de Nueva York hay lo que se llama ‘acciones con discreción’. Hay gente que dice ‘No, yo no quiero construir como todos, yo quiero más’, ahí es donde entra el debate público; se involucran el City Council, el alcalde. Todo es un proceso largo, donde lo que se debate es, básicamente, el conocimiento y el impacto sobre la calidad de vida de los residentes.

Conozco profundamente estos temas y me he especializado muchísimo en cuestiones urbanas, en todo lo que llama la zonificación de alta densidad, media densidad y baja densidad. En función de eso, en el 2005  decidí obtener mi licencia de arquitectura. Yo soy arquitecto licenciado por la ciudad de Nueva York. En el 2007 fundé mi propia empresa.

Según su relato, nada se ha interpuesto para que usted realice su sueño americano; ni el idioma ni su condición de profesional extranjero. Usted no es el típico emigrante ecuatoriano que la ha sufrido…

(Riendo) No, yo he tenido muchos inconvenientes. Yo llegué a Estados Unidos con $500, y muchos deseos de aprender, con una admiración hacia este país increíble. Todo libro que encontraba, me lo leía; me pasaba todo el día en la biblioteca de la universidad leyendo. Respecto del idioma, para mí siempre fue un déficit la pronunciación y la articulación del inglés, a pesar de que todos me entienden perfectamente cuando hablo. El acento lo tengo siempre. (Riendo) inclusive mi mujer me lo dice con insistencia, “tienes acento”. En realidad, yo nunca pude tener un buen trabajo en la arquitectura porque era extranjero. Fue esa una de las razones por las que ingresé en el área de préstamos bancarios para compradores por primera vez. Ahí entendí cómo funciona el sistema de financiamiento de la vivienda en este país, cómo aprovechar las oportunidades; verdaderamente es la única manera de hacer dinero en este país.

¿Nos está pasando a precio de costo su fórmula de cómo realizar el sueño americano?

Cuando ingresé en ese terreno, mi intención era educar a las personas acerca de cómo alcanzar el sueño americano. El sueño americano consiste en comprar una casa, porque es la única forma cómo usted ahorra dinero. No puede ahorrar de otra manera; puede tener un salario de 1 millón de dólares, pero jamás va a tener buen ahorro, pero usted compra una casa y se vuelve millonario.

Foto reconocimiento al Arquitecto Marco Tamayo como ‘Ambateño ilustre y ecuatoriano de oro en Nueva York”.

Usted está hablando del tema inmobiliario, y nos recuerda a la burbuja del 2008, cuando explotó y generó una debacle económica que dejó a mucha gente en la calle.

Justamente esa era mi educación a las personas que compraban una vivienda. Yo quería marcar la diferencia. Se trata de un tema técnico, de un manejo adecuado de la economía, de modo que no haya desbalances. La burbuja económica fue una especie de emboscada de los prestamistas a las personas que tenían buenas ideas de prosperar, que es precisamente lo que este país le permite a uno. Mi deseo era ayudar a la comunidad en general, al latino, a la persona que no habla inglés; a ellos estaba destinado, para que realmente entendieran cuál es el proceso, que significa tener un préstamo, cómo ser responsable. Y después de 30 años, van a tener mucho dinero.

Colijo, entonces, que usted se compró su propia casa.

Como yo conocía sobre construcción, ya había hecho un poco de construcción, dije: “bueno, voy a comprar una casa”. Me fui a esos edificios en remate, y rematé un terreno. “Yo ya sé planificación”, pensé. No tenía trabajo; en esas circunstancias, vi que lo ideal era construirme mi propia casa. Pero, fíjese, ¡la zonificación no era la que yo pensaba! El terreno quedaba demasiado pequeño para poder construir mi casa, dadas todas regulaciones urbanas, que yo desconocía.

¿Le costó plata la novatada?

¡Oh, sí! Yo pagué $26,000 por ese terreno, que los había reunido con tanto esfuerzo. Pensé, “parece que voy a perder ese dinero; así es la vida, hay que seguir adelante”. Afortunadamente, una semana después de lo que compré el terreno, alguien me llamó para hacerme una oferta; terminé vendiendo el terreno en el doble de lo que había comprado. Y eso me indujo a comprar propiedades, que las arreglo o las vendo. Eso es lo que hago, pero también hago diseños de arquitectura; hago para edificios, hago comercial, residencial, industrial. Tramito la aprobación en el Departamento de edificios, entrego todo listo al cliente. Tengo buenas referencias, mis clientes me aprecian. Solo por esas referencias tengo trabajo.

¿Carga usted sobre sus hombros el peso de ser un foráneo, un migrante, un arquitecto extranjero? Después de más de 30 años de estar en esta ciudad ¿todavía tiene que abrirse paso a codazos, sin lograr ser aceptado del todo?

En relación con eso, yo debato públicamente, sin que mi inglés sea un obstáculo. A mí me tienen a cierta distancia, controlado. En el debate, he aprendido a ser corto y directo. Mis intervenciones no pasan de dos o tres minutos, pero en ese tiempo yo destruyo proyectos que no tienen sustentación técnica. Aun con mis limitaciones del inglés, soy efectivo. Cuando yo abro la boca, todo el mundo escucha. Los miembros de la comunidad me respetan y me hacen consultas; y son americanos, son abogados, son arquitectos. Mis opiniones tienen peso, porque tengo la gran ventaja del conocimiento teórico, y con ese conocimiento, yo me enfrento con quien sea. Los abogados son expertos en engañar, en manipular la información. Yo los llevo a un terreno en el que ellos no pueden moverse, y ahí termina el debate. Yo no me siento marginado, y el inglés no ha sido un problema.

Fama y dinero son componentes del sueño americano; usted parece haber logrado los dos.

Le voy a ser sincero, yo no busco dinero. Sí, sí tengo algo. Lo que verdaderamente busco es fama y prestigio.